viernes, agosto 15, 2008

3. En un día de esos

Era un día de esos, en los que el cielo no para de llorar, y las calles están inmersas en una terrible oscuridad.
Era un día de esos. En los que no hay nada para hacer y las agujas del reloj parecen estancarse sin ganas de volver a andar; como para volver todo algo más lúgubremente emocionante, un repentino corte de luz, desato, en mí, el impulso de aventurarme a buscar y encender una vela. De camino a la cocina, por el pasillo que da a las habitaciones y el baño, me tope con lo que parecía ser una caja, sin darle mucho interés de un golpe termino contra la pared y casi al instante sentí como una espesa nube de tierra me envolvía.
Entre vueltas y más vueltas de un espacio a otro de la casa pasaba sin encontrar algo por lo que valiera la pena parar.
Un rato largo tarde en recordar aquella simple caja, que un momento atrás de una patada rechace, tan extraña, tan inaudita, tan fuera de lugar, tan... Volví a por ella con un poco de recelo, pensando en lo aburrido que debía estar para ponerme de esta forma por una simple caja, que dormía desde quien sabe cuanto ahí, y que en el desorden general de la casa siempre pasó desapercibida.
Con la poca luz proporcionada por la vela, al acercarme, pude ver que de la caja emanaban fotos, cuadernos, juguetes, figuritas... ya en el suelo pude notar que se trataba de cosas de un tiempo ya muy lejano, que mí vieja había guardado y de los cuales ya creía haber olvidado.
De rodillas frente a este portal hacia el pasado, podía sentir como volvían a mí momentos vividos por alguien que alguna vez creí haber conocido, pequeños muñecos articulados que por unos días había sido el mayor héroe, los autitos mostraban marcas del descuidado trato que habían recibido, no eran de colección eran de diversión, aviones, soldaditos de plástico, todos ellos habían surcado las turbulentas olas de mí mente, para darme gozo y risas antes de crecer y querer crecer aun más, antes de tener y pretender tener aun más.
Cuadernos llenos de notas, firmas de mis compañeros en los álbumes de fotos de fin de curso, dibujos llenos de gracia como los que ya no hacia, cuantos momentos magníficos de risas y juegos, como los que ya no aparecían. Figuritas de superhéroes, que nunca habían llegado a ser pegadas; todo un centenar de ellas esparcidas por doquier. ¡Que momentos! me había olvidado cuanto los extrañaba, cuanto los deseaba...
y de repente me encontré en aquel soleado día, con el guardapolvo todo manchado por las lapiceras, correteando con mis compañeros, mientras las maestras iban de un lado a otro como pastores juntando su rebaño; parado mirando el serio y eterno busto de Sarmiento, aquel que había sido castigado. Y la campana para volver al aula.
Que tiempos, una lagrima caía directo sobre una foto con solo recordarlo; y en un instante volvió la luz y paro de llover y se dispersaron las nubes. Al mirar el reloj me di cuenta que habían pasado solo unos pocos segundos desde que me senté junto a la caja, y con la llegada del sol se fueron las ganas de seguir hurgando por más recuerdos.
Creí toparme con una simple caja, pero en realidad era mucho más, luego creí que era una puerta al pasado, que guardaba vida... por años no le di importancia, a lo que era el tesoro más grande que tenia. Creí, muchas cosas creí... pero en realidad esta caja guardaba todo lo que un tiempo fui, y ya no era; lo que pude ser pero nunca fui; lo que alguna vez viví, pero había olvidado. Esta caja me dio un segundo de melancolía y felicidad de niño que creía no volvería, que ni sabia que existía. Creí, tantas cosas creí...

Randazzo, Marcelo Ezequiel

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Segunda vez q lo leo...y otra vez, me emociona...será porque te imagino "con el guardapolvo manchado por las lapiceras", o porque tengo una caja parecida, o porque siempre me gusta leer y pensar en todo lo que se relaciona con la niñez y como de repente un día, un mundo entero se desmorona y la imaginación, la inocencia, los juegos, quedan lejos..
Me gusta cuando todo vuelve a salir a la luz (creo q hablamos alguna vez de eso), cuando (por una caja o por lo que sea) podemos volver a ser eso que fuimos. Como lo decís en ese texto. Que, vuelvo a decirlo, me gusta mucho. Como vos. Te quiero Eze.

Mari.

Marcelo Ezequiel Randazzo dijo...

¡Ay, gracias!, que bueno que te gusto!! me pone recontento saberlo, y mucho más contento saber que te gusto a vos, Marina (se que no te gusta que te digan así pero a mi me encanta), que significas tanto para mi; me pone muy feliz saber que lo que me emociona, también, te emociona a vos, saber que estas al lado mío y no necesitemos pronunciar ni una palabra para saber que siente el otro; saber que no necesito decirte cuanto te quiero, porque mi mirada ya te lo dijo antes, pero tener, igualmente, la necesidad de decir, -Marina, te quiero.

PD: por supuesto que alguna vez hablamos de este tema, si hasta, a veces, me da la sensación de que ya lo hablamos casi todo, pero muchas oraciones más tarde me hacen recordar cuanto nos queda por hablar...