Tus labios me llaman, me acerco, les susurro y despierto.
Les susurro casi pegado a ellos, como acariciando su dulce cuerpo,
Embriagado con su veneno y movido por el silencio.
Les susurro muy lento, les cuento todo sobre ellos.
Me susurran, ellos, de nuevo; me piden mi tiempo, me roban el silencio,
Casi ni duermo... cierro los ojos un momento...
Despierto, luego de un sueño; despierto desnudo y en silencio;
en la oscuridad, la paz, que tanto anhelo ahora no la quiero.
Randazzo, Marcelo Ezequiel
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