Otro día como los demás, otro día sin más, otro día que tarda una eternidad en pasar...
Como parte de esta sociedad, feliz tendría que estar, pero no es así, no sé que es pero algo le falta a este momento para que se vuelva especial. Y de repente la veo pasar tan simple, tan enredada, tan linda, tan sumisa, ¿quién será?.
Un día muy especial esta por comenzar, esta mañana mi capitán me convoco, para presentarme en mi puesto de guardia en la plaza central; entre las líneas se rumorea que el enemigo, viene avanzando con rapidez y sin piedad hacia la ciudad pero el gobierno confía en que las huestes puedan con los salvajes en tan solo se acerquen un poco más a la ciudad. Al llegar a la base pude notar que todo el personal estaba presente. Un millón o más, de estos estaban listos para partir hacia el sur, para darle soporte a las tropas ubicadas en esa posición que estaba siendo atacada en ese momento. Instantes después miles de vehículos voladores cargados de hombres partían como un enjambre de enfurecidas abejas dispuestas a masacrar a quien se les cruce.
¡Al fin!!!, logre enterarme del nombre de tan hermosa chica, cual afrodita, encontré ayer; su pelo de fuego, sus ojos cual despejado cielo, su cuerpo esbelto y femenino como existieron jamás, me llaman a flotar y volar por este inmenso mar. Tengo que acercarme pero no se como empezar.
Como parte de un ritual, el gobernador nos saludo y deseo, por nuestro bien y el de la civilización, buena suerte en la batalla. A pesar del discurso del dirigente, yo no tenia miedo, porque después de ver partir a mis compañeros savia que el enemigo nunca llegaría a mi posición, en la plaza frente a la casa de gobierno y todos los edificios federales. Claro esta que debía prepararme para lo peor.
Llegado el anochecer se podían ver, en el horizonte, los relámpagos multicolor que afirmaban una batalla dura pero pareja, también podía sentir el cimbrar de las paredes de mi puesto generado por el detonar de las balas de artillería pesada; más tarde, de repente y como celestialmente las luces y temblores pararon.
Con mucho júbilo y satisfacción me puse a festejar lo que creía era el fin de la guerra, y el exterminio de esa despreciable epidemia, pero sin embargo por otro lado me puse mal porque savia que muchos de mis amigos y compatriotas habían muerto...
Sin darme cuenta la conversación ya estaba avanzada, lo que había comenzado una hora atrás como unas palabras de cortesía cruzadas entre dos desconocidos alumbraba ahora una excelente relación; cada movimiento de su boca me hacia desear besarla, cada gesto me envolvía más y más en una red imposible de escapar.
Las noticias de ultima hora anunciaban:
- ... juicio y ejecución de no menos de una veintena de ”traidores a la patria” que habían complotado contra nuestra soberanía al confabularse con el enemigo para derrocar al gobierno vigente, de entre los cuales se encontraban muchos de los llamados intelectuales rebeldes, quienes actuaban en secreto y eran seguidos desde hace tiempo por los distintos entes de seguridad... -
Tantas vidas entregadas durante esta guerra y el enemigo enterado de todo gracias a esos sucios traidores. Por suerte ya han cobrado con balas sus servicios a los bárbaros invasores...
Cada minuto, cada hora se volvían cada vez más insostenibles, aunque savia que el enemigo no habría podido con las falanges nacionales, era extraño no verlos regresar, ni escuchar ningún informe sobre el tema.
Aunque nunca lo creí posible, acá estaba, sentado en la mesa de mi casa junto a ella. Comiendo, pero sin saber qué, hablando, pero sin importar de qué, solo ella acaparaba la totalidad de mi existencia, un sentimiento tan profundo era, que atravesaba mi cuerpo como un rayo, y me hacia vibrar y estallar mil veces. Su mano rozaba la mía, sus ojos se clavaron en los míos, su pierna intimaba con la mía y sus labios mimaban los míos. Ella y yo solos, en medio de la nada, la habitación parecía ahora, tan lejana; años luz nos separaban de la cama, aquella misma cual único abrigo instantes atrás nos envolvía y revolvía.
Al contrario de mis expectativas, el enemigo ya esta sobre mi, con media ciudad arrasada y solo un centenar de nosotros defendiendo los edificios federales.
- Escapemos - gritaba con desesperación uno de mis subordinados, el más joven de ellos.
- Pero a dónde, si esta todo arrasado. Las ciudades del norte, el este, oeste y recientemente la del sur. Este era el ultimo bastión de esperanza, nuestra ultima línea de defensa - respondió otro.
Ya sin más - comencé la comunicación - le informo que mucho no vamos a soportar, el enemigo nos supera en gran cantidad y su abrumadora voracidad lo hace imposible de someter.
Con mi ultimo respiro veré como la libertad comienza a dilatar, con una lagrima color sangre, sentiré como mi pueblo bajo la opresión emprende a caer. Al despertar ceñido por su intenso calor algo extraño me sentí, como si un nuevo gobierno rigiera mi sentir. Debe ser ella, que ahora tiene el control sobre mi.
Randazzo, Marcelo Ezequiel
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